top of page

Cuando cerrar el año pide retirada y honestidad, no celebración

Escucharte en lo que este cierre de ciclo realmente necesita de ti.



Cuando cerrar el año se siente pesado (y está bien sentirlo así)


Llegan las últimas semanas de diciembre y las redes se llenan con frases que invitan a hacer listas de logros y agradecimientos. Balances luminosos, listas de logros, frases sobre “el mejor año de mi vida”. 


Has llegado hasta aquí, sí. Pero quizás no te sientes especialmente agradecida, ni expansiva, ni con ganas de celebrar, ni con ganas de marcar grandes objetivos para el año que viene. Quizá lo único que sientes es cansancio, o tristeza o apatía. Y la presión por reflexionar, agradecer o planificar se suma como una exigencia más, desconectada de tu propio sentir.


Si este es tu momento, quiero decirte algo importante: está bien sentir lo que sientes.

Tal vez este cierre de año no necesita entusiasmo, sino honestidad y cuidado.


No todos los umbrales son para celebrar


Hay años que no se viven para brillar, sino para sostenerse. Años en los que se pierde algo, se atraviesa dolor, se cae una estructura conocida o simplemente se transita sin un logro concreto.


Forzarte a agradecer cuando aún estás integrando tus experiencias no sana. A veces, incluso duele más. La gratitud auténtica llega cuando hay espacio interno para sentirla.


Quizá este año no estuvo lleno de logros visibles. Quizá no cumpliste lo que habías planeado. Quizá tu mayor acto de valentía fue seguir adelante, día tras día, aunque no hubiera nada que mostrar.


Eso también tiene valor. Aunque ahora no tengas ganas de llamarlo éxito.


Una forma más amable de mirar atrás


En lugar de preguntarte qué conseguiste, puedes empezar con algo más suave y verdadero: ¿Cómo se sintió este año para ti?


No lo que pasó, sino cómo lo viviste. Pesado, confuso, solitario, intenso, agotador, plano, inesperado. Nombrar la experiencia emocional suele abrir más comprensión que cualquier lista de logros forzada.  Tal vez también puedas preguntarte: ¿Qué transité este año? ¿Qué sostuve, incluso cuando no sabía cómo? ¿De qué me di cuenta? A veces, nombrar lo que surge para ti ante estas preguntas ya es mucho, y está bien.


¿Qué se cerró, se soltó o se fue, aunque no estuvieras preparada? No todos los finales se sienten como alivio. Algunos duelen, incluso cuando son necesarios.


¿Dónde te exigiste más de la cuenta? Dónde te adaptaste, dónde permaneciste en silencio, dónde seguiste cuando el cuerpo pedía parar.


Estas invitaciones de reflexión no son para juzgarte, sino para validarte, mirarte con más ternura, compasión y cuidado.


Antes de pensar en metas, escucha tus necesidades


En realidad, el calendario no decide cuándo es el momento de marcarse metas. Cuando hay una necesidad de ir hacia un lugar interno profundo, ponerse grandes objetivos puede no encajar con el momento en que estás transitando.


Antes de construir algo nuevo, el cuerpo y el alma necesitan suelo, sostén y atención.


Pregúntate: ¿Qué necesito de verdad para sentirme un poco más sostenida? ¿Qué partes de mi reclaman un mayor sostén y cuidado de mi parte?


Descanso, límites, acompañamiento, menos exigencia, más estabilidad, ayuda, espacio, silencio, retorno. No se puede crear nada duradero desde la carencia.


  • Puedes escoger expectativas más realistas, aunque sólo sea una, acordes a tu energía actual.

  • Cuidar un límite importante, aunque no siempre te salga perfecto.

  • Dejar de complacer por encima de tus necesidades.

  • Sostener una sóla práctica sencilla que te ayude a volver a ti.

  • Reconocer un cambio que sabes que ya no puedes seguir postergando.

  • Una práctica que te ayude a sentirte más conectada con tu cuerpo.


No hace falta tener una respuesta para cada una de estas preguntas ahora, puedes escribirlo y tenerlo presente como esa primera semilla.


Solo necesitas empezar por escucharte.


Cerrar el año desde el cuidado


El crecimiento no siempre es visible ni espectacular. A veces ocurre en lo que sueltas, en lo que validas, en lo que decides dejas de cargar, en lo que decides soltar, en lo que ya no estás dispuesta a sostener.


A veces, no se trata de añadir más, sino de quitar lo que no te está sirviendo. No de demostrar nada, sino de habitarte y acompañarte con más honestidad.


El próximo año no tiene que ser el mejor de tu vida. Cruzar un umbral comienza en que ese primer paso pueda ser un poco más habitable, más alineado, más respetuoso y más amable contigo.


Y eso empieza aquí: permitiéndote cerrar este ciclo tal y como estás, validando cómo te sientes ahora, sin exigirte ser otra.


Un paso a la vez. Con respeto. Con cuidado. Con ternura. Con amor. Con honestidad.


Un abrazo,

© Daniela M. Pribluda


Nota: Artículo registrado y publicado originalmente 19 de diciembre 2025. Los textos del blog están registrados bajo derecho de autor y son propiedad intelectual de Daniela Miriam Pribluda. Queda prohibida la copia/reproducción total o parcial de los textos sin previa autorización de Daniela Miriam Pribluda.

Comentarios


bottom of page